¿Cómo conviven bancos y criptomonedas en la nueva Venezuela sin sanciones?
La Licencia General 57 y la banca, ya integrada al uso de criptomonedas, activan un experimento financiero sin precedentes.

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Empresas y bancos logran simbiosis técnica bajo un estricto marco de cumplimiento internacional.
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El fantasma del caso PDVSA-Cripto mantiene un cerco de silencio sobre los avances del sector.
Venezuela se ha convertido en el escenario de una transformación financiera que las potencias desarrolladas aún observan con cautela. Impulsada por la reciente Licencia General 57 de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos, el país ha dejado atrás un prolongado aislamiento para convertirse en un tablero operativo donde neobancos y firmas de bitcoin (BTC) ya preparan su desembarco. Esta apertura ha permitido que una infraestructura local silenciosa logre que el 80% de la banca nacional actúe hoy como el brazo transaccional de los activos digitales.
En efecto, eso es lo que describe la realidad actual del sistema financiero venezolano. Tras la entrada en vigor de la Licencia General 57, el país se convierte en un tablero operativo donde neobancos, exchanges y firmas de bitcoin (BTC) y criptomonedas foráneas ya preparan su desembarco para integrarse con los bancos y fintech locales.
Si bien la atención internacional se ha centrado en el regreso del crudo venezolano a los mercados globales, existe otra riqueza que Washington y el sector privado observan con atención en una sociedad que, por necesidad, se ha convertido en una de las de mayor adopción de criptoactivos en el planeta.
La infraestructura que ya funciona con criptomonedas
«Hoy en día, la banca ya se encuentra integrada con nuestra plataforma», señaló Dany Colmenares, representante de Crixto Venezuela. Lo que Colmenares describió en conversación con CriptoNoticias es parte de una operativa diaria donde los venezolanos transforman bolívares a stablecoins como USDT en apenas tres segundos mediante el uso de interfaces de programación (API) conectadas al servicio de Pago Móvil.
Colmenares describió, en una charla reciente, la hoja de ruta que permite la integración entre la banca y los criptoactivos, la cual se apoya en un denso entramado de cumplimiento que ha evolucionado desde las recomendaciones del GAFI hasta las recientes Providencias SCA-001-2025 y la Resolución 016-2025.

Estas normativas actúan como el manual de instrucciones que permite a los bancos venezolanos aplicar protocolos de inteligencia financiera y gestión de riesgos, homologando la operativa local con los estándares de Basilea y la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD).
A diferencia de las tensiones históricas en países como Panamá, Colombia y Chile —donde el temor regulatorio ha provocado en ocasiones el cierre de cuentas a firmas de criptomonedas—, en Venezuela se ha consolidado un puente de necesidad: la banca provee la liquidez en bolívares, mientras las empresas tecnológicas se encargan del activo digital y su custodia.
Esta simbiosis es el resultado de lo que Jhon Montesinos, CEO de la Red de Entusiastas en Criptofinanzas (RECripto), define como un proceso de supervivencia: «con una moneda local que perdió su fuerza y una inflación, el venezolano se volvió ‘cripto-nativo’ por instinto de supervivencia».
Y añadió: «Más que una moda tecnológica, las criptomonedas se convirtieron en el salvavidas para proteger los ahorros y poder comprar desde un café hasta un electrodoméstico».
Según su análisis, esta base de usuarios ya es real y no requiere de procesos educativos complejos, lo que sitúa a Venezuela en una posición de ventaja tecnológica nacida de la presión económica.